Morning rave: bailar a las siete de la mañana y llegar a la oficina a las nueve
La fiesta que empieza cuando suena el despertador
Daybreaker lleva desde 2013 montando fiestas a las siete de la mañana en treinta y tres ciudades del mundo. El esquema es fijo: una hora de yoga o actividad física, dos horas de baile, café y zumo en lugar de barra, y todo el mundo en su puesto de trabajo a las nueve y media. Morning Gloryville hace algo parecido desde Londres y tiene sede en Barcelona.
Durante años sonó a excentricidad. Ya no. El mismo estudio de Eventbrite que cifra el crecimiento del coffee rave en un 478 % señala que el público que evita el alcohol creció un 92 % en un año. Lo que antes era una rareza es ahora un segmento.
Por qué la gente repite
Quien ha ido a uno lo cuenta siempre igual: no hay postureo. A las siete de la mañana nadie va a dejarse ver. La gente que aparece a esa hora va a bailar, y eso cambia por completo el ambiente de la sala respecto a una discoteca a las tres de la madrugada.
El problema de las siete de la mañana
Es el mismo de siempre y aún peor: a esa hora no hay un solo local con licencia para poner música alta. Las discotecas están cerradas, los espacios de eventos no tienen actividad musical a primera hora y cualquier sala en un edificio con viviendas tiene el conflicto garantizado. Es literalmente la peor franja horaria posible para montar una fiesta con altavoces.
Con auriculares silent el problema desaparece. No hay emisión sonora, así que un morning rave se puede montar en una azotea, un patio interior, un gimnasio, un parque o el lobby de un hotel a las siete de la mañana sin molestar a nadie que esté durmiendo a veinte metros.
Yoga y baile en la misma sala
Los tres canales permiten hacer algo que el formato original resuelve por turnos: pasar del bloque de yoga al bloque de baile sin cortar. Un canal con la clase guiada, otro con la sesión del DJ, y cada persona salta cuando le apetece. Quien quiera estirar veinte minutos más lo hace mientras al lado ya está la fiesta. Lo mismo que contamos en silent yoga, llevado al horario de oficina.


Nadie va a un morning rave a dejarse ver. La gente va, baila dos horas y se marcha a trabajar.
Para empresas es más interesante de lo que parece
Un morning rave como actividad de empresa tiene tres cosas que un afterwork no tiene. No depende del alcohol, así que participa todo el mundo, incluida la gente que no bebe o que tiene que conducir. No se come el tiempo personal de nadie, porque termina antes de la jornada en lugar de alargarla. Y no genera resaca ni bajas al día siguiente.
Añade el factor visual: cien personas de tu plantilla bailando en la azotea a las ocho de la mañana con auriculares de tu marca es material de comunicación interna que se aguanta solo. Si van personalizados con el logotipo, mejor.
En wellness, yoga y meditación tienes cómo montamos este tipo de sesión, y la calculadora te da el precio según el número de asistentes.
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