El escenario que abre cuando cierran los demás: silent disco en festivales
La hora a la que todo se apaga
Cualquier festival tiene una hora de corte escrita en la licencia. A las dos, a las tres, a veces antes si el recinto está cerca de núcleo habitado. Llega esa hora, el último escenario apaga y quedan diez mil personas despiertas con ganas de seguir y nada que hacer salvo irse al camping.
Festivales como Bonnaroo, Glastonbury o Boardmasters resolvieron esto hace años con la misma idea: montar una carpa de silent disco que empieza justo cuando cierra el resto. Como no emite sonido, no le afecta el corte. Puede seguir hasta las seis de la mañana sin infringir nada.
Deja de ser un extra y pasa a ser un reclamo
Al principio era un añadido simpático. Hoy en muchos carteles aparece anunciado como espacio propio, con sus DJs y su horario, y hay gente que compra la entrada por eso. La razón es la de siempre: las tres cabinas compitiendo a la vez, la gente cambiando de canal, y ese momento en que alguien se quita los cascos y oye a mil personas cantando a capela. Ese vídeo se graba solo.
Qué hace falta para un recinto grande
Lo primero, volumen de material. Una carpa de festival no se monta con cien auriculares: hablamos de varios cientos o de miles, con rotación durante la noche. Lo segundo, un sistema de reparto y recogida que funcione con cola, normalmente con fianza o documento en depósito, porque el material tiene que volver.
Y lo tercero, autonomía. Una noche de festival son seis o siete horas seguidas de uso, muy por encima de lo que dura un evento normal. En cuánto duran las baterías explicamos cómo se planifica esto con carga rotatoria: siempre hay un lote cargando mientras otro está en la pista.
Tres cabinas, tres colores
El formato clásico de festival son tres canales con tres DJs simultáneos y el aro LED del casco cambiando de color según cuál escuches. Desde la cabina se ve en tiempo real quién está ganando la noche, y esa competición es parte del espectáculo.


Cuando el último escenario cierra por licencia, la carpa de auriculares se llena. Es la única que puede seguir.
Aplicado a lo que se hace en España
No hace falta ser Glastonbury. La misma lógica funciona en una fiesta mayor de pueblo con vecinos a cien metros, en un festival de ciudad con corte a la una, o en el cierre de un congreso en un recinto que no puede emitir sonido a partir de cierta hora.
También funciona en el otro extremo: un festival pequeño que no puede permitirse un segundo escenario con torre de sonido, cabina y técnicos puede montar un espacio alternativo real con una fracción de ese coste. El montaje de un sistema silent para trescientas personas cabe en una furgoneta.
Si organizas un festival o una fiesta mayor y quieres una cifra, escríbenos y lo calculamos sobre tu aforo; para eventos de este tamaño hacemos presupuesto a medida a partir de los packs. En fiestas silent disco tienes el servicio completo.
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